Thorgad Puñomartillo y Thalagor Forjasolar



Thorgad Puñomartillo nació en una familia humilde y granjera, un Barbabronce común y corriente que tuvo la suerte de ganarse un puesto ayudando al herrero de Kharanos, haciendo lo que más le gusta; aprender el oficio de la herrería que tanto disfrutaba y él no sabía que un día, cambiaría sus vidas.

Fue escogido para ir con su maestro, ni más ni menos que a Ulduar con el mismísimo Brann Barbabronce y allí conoció secretos y miedos que no sabía que tenía. Se afilió a la Liga de Expedicionarios y conoció secretos que ni su maestro conocía y su mentor, ya casi anciano falleció en una batalla. Cuando Yogg'sarón fue derrotado y aunque la lucha contra Arthas continuaba, Thorgad decidió quedarse allí, con un grupo de expedicionarios conociendo más a fondo a los gigantes Hijos de Hodir, saboreando sus descubrimientos fue él, el primer herrero en conocer los secretos del Acero de Titanes, antes que ningún otro mortal o al menos redescubrirlo, ya que en el pasado Vrykuls y otros lo usaron.

Tras ganarse una buena relación, marchó de vuelta a Forjaz donde compartió sus conocimientos y fue admitido en la Hermandad del Torio y en la del Mithril, a pesar de que había demasiados Hierro Negro terminó ganándose la amistad de algunos de ellos y fue muchos años después, donde en una misión del Relicario, compitiendo contra esos odiados elfos, conoció a otro herrero muy peculiar.

Un herrero Sin'dorei llamado Thalagor Forjasolar. Al principio no tuvieron más remedio que colaborar, durante un descubrimiento Titánico sin parangón en Tierras Inhóspitas, a pesar de la tensión y el rencor, la curiosidad les podía a todos. Un enemigo de inmenso tamaño apareció, un vigía Titánico que acabó con todos los presentes, solo Thorgad y Thalagor quedaban en pie, aunque heridos y serían los siguientes. Pero Thalagor usó su arma, una espada élfica hecha con runas dados sus conocimientos mágicos y aunque no era bueno luchando, su arma era muy buena, tanto que consiguió herir al vigía, pero no lo derrotó.

El vigía se abalanzó sobre el elfo y entonces el enano, dejando atrás su rencor y usando su honor, utilizó su escudo, hecho de una aleación de Acero de Titanes y Mithril protegiendo al elfo, este asombrado sonrió al enano y ambos decidieron unir fuerzas para derrotarlo. El enano, usó su escudo para impulsar al elfo, que se lanzó con su espada sobre la cabeza para luego usar su arco y lanzar una flecha y destruyó al vigía. Gracias a ello encontraron el “Tesoro de los Vigías”, lleno de conocimientos y riquezas; uno de los tesoros más importantes por debajo de Uldaman o Ulduar.

Repartieron las riquezas entre la Liga y el Relicario y ambos dejaron a un lado el común rencor racial y la competencia, para dar a lugar una amistad que duraría muchos años. ¿Quien lo iba a decir? Diferentes facciones, competencia directa y diferentes razas odiadas por muchos años, pero se llevaban bien y lo que es mejor, se complementaban muy bien. Ambos galardonados con rangos en sus organizaciones como grandes arqueólogos y más tarde, la neutral Hermandad del Torio y la del Mithril unieron al elfo recomendado por el Barbabronce.

Ambos vivieron grandes historias y se convirtieron rápidamente en dos de los mejores herreros de todo Azeroth, forjando así armas importantes a los grandes líderes y héroes de ambas facciones. Partiparon en Rocanegra y conocieron misterios de nuevos metales y magias que pudiesen complementar sus armas y armaduras y ganaron mucho dinero por el mundo. Ambos aventureros, buscaban nuevos tesoros y conocimientos que complementaran sus prácticas.
Su fama fue tal, que recibieron títulos: Thalagor, “el Indomable” y Thorgad “el, Indestructible”. Y ahora, muchas son las historias que les deparan a estos dos grandes héroes...

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