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Tema: Reznek, Señor de la Guerra Cabalgacero

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    Reznek, Señor de la Guerra Cabalgacero

    Reznek, Señor de la Guerra Cabalgacero








    Reznek nació en un campo de concentración orco. Desde su primer aliento demostró ser un individuo capaz de hacer cualquier cosa por sobrevivir. Sus padres murieron cuando era apenas un cachorro, fruto de las palizas de los carceleros; lo que hizo nacer la primera chispa de furia del joven orco. Su habilidad para causar problemas siempre fue notable, ya fuera enzarzándose en peleas a mano desnuda con orcos incluso mayores que él por cualquier nimiedad o molestando a los guardias gracias a un tirachinas construido por poco más que palos roídos y piedras. Era extraña la semana que no acabara recluido lejos del resto de orcos en una celda húmeda y aun más mugrienta de lo que estaba acostumbrado; aislado de toda luz, compañía o comida. Sin embargo, sus paredes se llenaban de garabatos labrados en hueso que eran suficiente para él. Sus captores siempre habían pensado que se trataban de extraños glifos del lenguaje orco, cuando en realidad Reznek era capaz de descomponer cuanto veía y transformarlo en formas y números. Tenía la mente de un goblin encerrada en el vigoroso cuerpo de un orco. La historia de este belicoso y sobresaliente muchacho no habría sido nada especial de no haber sido comprado como ganado por el maestro constructor goblin que se había encargado de crear el campo de concentración.

    Dado que Reznek era poco más que una bestia a ojos de todos cuantos se atrevieron a mirar, tuvo que llevárselo enjaulado y encadenado para calmar las preocupaciones de sus viejos captores. A base de severos castigos y pan duro consiguió doblegar aquella arcilla lo suficiente como para enviarlo a los grandes torneos anuales de gladiadores por todo Azeroth. Primero fue Bahía del Botín, donde masacró el pecho de un gnoll pardo con su maza de modo poco sofisticado. Más tarde Vista Eterna, lugar en el que se le recordó por asesinar a un trol con sus propias colmillos. Después la recién creada arena de la Masacre en Feralas, allí donde acabó con un ogro bicéfalo abriéndole en canal en los tres primeros minutos. Allá donde Reznek se presentaba el público bramaba de emoción, jamás se había presenciado espectáculo tal como cuando arrancó de cuajo la cabeza y espina dorsal del enano Grozmin, el Abrazadagas con sus propias manos. Tal fama les granjeó a amo y esclavo el pase a las arenas de Gadgetzan, donde su nombre pasó de ser respetado a admirado con auténtica veneración. En las jaulas de pelea de Tanaris, las reglas estaban lejos de ser justas. Cualquier adversario podía entrar en el ring con una daga envenenada y ningún juez pondría en duda la validez de la pelea. Solo existía la norma de que el espectáculo nunca cesara.

    Reznek en sus largos y extenuantes viajes se aficionó a ingerir piedra vil con cierta frecuencia para aguantar la implacable dureza las batallas a muerte. La mayoría de las arenas prohibían tales prácticas por considerarlas injustas, pero en Gagetzan no había nada que ocultar. Antes de cada pelea, el polvo fel manchaba sus labios, recorría sus venas aumentando el tamaño de sus músculos; inflando las venas de su cuello e insuflando el rojo en sus ojos. Aun así, lo que Reznek anhelaba no era el poderío físico que le otorgaba, sino la claridad mental, pues cada vez que la esencia demoníaca le inundaba comenzaba a ver los números a su alrededor una vez más deshaciendo la realidad en fragmentos lógicos y predecibles que le permitían golpear tan certero como la flecha de un elfo y tan fuerte como un gigante sin errar nunca el golpe. Sobra decir que jamás perdió una pelea sobre la ciudad de las dunas, ni siquiera ante los bebedores de sangre farraki o los monstruos silítidos. Sin embargo, y a pesar de que la gran parte de sus peleas traían apetitosos beneficios no eran suficientes para su avaricioso amo goblin así que le instó progresivamente a pelear con herramientas cada vez más extravagantes. Herraduras, pedazos de madera, huesos carcomidos… incluso una vez acabó con un basilisco clavándole una cuchara oxidada repetidas veces en los ojos. Eventualmente el mismo Reznek se cansó de ser una feria de circo. Bien era cierto que su vida ahora estaba rodeada de lujos, hembras, drogas y sangre; pero el astuto orco anhelaba algo más. La libertad. Saboreaba el verdadero poder.

    La primera parte de su plan consistió en perder a propósito un par de peleas, lo que puso nervioso a su pretencioso amo. No tardó en convencer al esclavista para que le permitiera construir sus propias armas. Puede que fuera poco ortodoxo, pero el goblin aun recordando el ingenio que había caracterizado a Reznek de joven, tal vez le ayudara a construir excéntricas herramientas que atrajeran a más audiencia que le llenaran los bolsillos de oro. Así, consiguió un pequeño cobertizo convertido en taller del que poco a poco manaron impresionantes ingenios mecánicos como la espada-serrada de dientes de raptor, el puño repetidor de pinchos o la siempre magnífica maza giratoria. No hace falta decir que resultó un tremendo éxito. El iluso goblin no era capaz de entender como de la mente de un orco como Reznek podían nacer ingenios tan bizarros. Poco sabía que la mole de músculo había pasado mucho tiempo en compañía de esencia vil como para hacer desfallecer a un Señor del Terror.

    Si bien Reznek fue temido y odiado, también fue fruto de admiración tanto por combatientes como por dóciles criados que lo veían no solo como un luchador formidable; sino también como un ideal imposible de dominar. Una auténtica fuerza de la naturaleza, que no entendía de reglas o servitudes. El orco dio buen uso de tal impresión. Poco después, en uno de los combates de mayor importancia, una serie de explosiones sacudieron las gradas. Los esclavos que atendían a los gladiadores se lanzaron sobre sus señores, ahora desprotegidos y confundidos. Reznek esbozó una sonrisa lobuna, ¿quién iba a prestar atención a una serie de esferas metálicas rellenas de pólvora cuidadosamente ocultas noches antes por un siervo apaleado?



    Símbolo por el que son conocidos los Cabalgacero

    Tras la cruenta masacre, Reznek protegido por una serie de gladiadores y sirvientes escapó de la decadente Gadgetzan con cuantas provisiones pudieron al brutal desierto de Tanaris. Durante las semanas siguientes se sucedieron numerosos ataques tanto a Gadgetzan como a las caravanas que atravesaran el desierto. Reznek no tardó más de un par de meses en robar suficientes pedazos de hierro quemado y acero torcido como para crear su primera obra de arte, la moto-apisonadora que sería conocida y temida como ‘’Sorbehuesos’’ a la que le seguirían muchas más. Pronto tanto Tanaris como las Mil Agujas se sacudieron con temor cada vez que se encaminaban hacia el horizonte, pues eran conscientes de que por mucha protección que les acompañara el terrible grupo de bandidos de los bautizados como Cabalgacero liderados por Reznek acudiría en busca de su presa. Los motores adaptados al embate de las tormentas de arena, obra del ex gladiador rugían como hienas hambrientas por el desierto. Las reglas eran sencillas, golpear y desaparecer repetidas veces; desgastando a los agotados viajeros hasta que ponían en mayor valía sus odres de agua que sus valiosas propiedades. Los jinetes del metal llegaron a competir vivamente con centauros, tótem siniestro, los Bonvapor y trols por el control del desierto; nada estaba fuera del alcance de sus afiladas llantas, ni siquiera el Desierto de la Sal era rival para sus motores.

    Reznek, Señor de la Guerra de los Cabalgacero se hizo un nombre tal que atrajo la mirada del mismísimo Jefe de la Guerra años más tarde a raíz del Cataclismo. Fruto de la escasez de efectivos, su mano derecha Varok Colmillosaurio se presentó en Tanaris dispuesto a negociar la adhesión de los bandidos Cabalgacero bajo el estandarte de la Horda. A Reznek no le hizo ni pizca de gracia. ¿Sacrificar su preciada libertad por un nuevo amo? Tal fue su ego que retó al anciano Roca Negra a un duelo en la arena, una petición que el veterano aceptó gustoso a cambio de cumplir con sus palabras. Durante la noche de ese mismo encuentro, todo ruido en las dunas cesó. Los fuegos crepitaron extendiendo sombras largas y moribundas sobre el campo de batalla. Ambos, desarmados y con los ojos fijos entre sí se enzarzaron en una de los mayores enfrentamientos que haya podido presenciar espectador alguno. Ganchos, patadas, puñetazos y fintas tan despiadadas como mortales impactaban y sacudían a ambos sin piedad al tiempo que la comitiva de la Horda y los Cabalgacero vitoreaban cada uno a su poderoso campeón como ganador de la contienda.

    Jamás se había topado con adversario como aquel. Incluso con la imparable magia de los demonios bombeando en sus venas era incapaz de dar un golpe decisivo. Las horas se sucedieron hasta que el alba despuntaba en la guarida de los Cabalgacero. Entonces, el puño macizo de Varok Colmillosaurio se estrelló contra la cabeza de Reznek, lanzándolo al suelo exhausto y abatido. El mismo Varok cayó segundos después terriblemente agotado por el esfuerzo, pero al despertar; se sintió orgulloso de nombrar a Reznek de los Cabalgacero señor de su propia legión al servicio de la máquina de guerra de la Horda. Reznek se mantuvo perplejo, había sido derrotado. Nunca antes nadie le había tumbado de aquel modo. Su odio se transformó en admiración, ¿era posible que hubiera alguien aun más poderoso que aquel anciano? De ser así, el Jefe de Guerra debía de tratarse de alguien verdaderamente imponente. Así es como el esclavo que se convirtió en señor del desierto conoció a Garrosh Grito Infernal semanas más tarde en su trono de Durotar e impresionado por tal muestra de poder se unió con orgullo a su causa. Desde entonces, los Cabalgacero son uno de los comandos favoritos del Jefe de los Grito de Guerra. Especializados en un combate frenético y devastador a lomos de sus poderosas monturas mecánicas y portadores de toda clase de armas chirriantes, punzantes y oxidadas, se encargan de sembrar el caos en las filas enemigas como auténticos espíritus sedientos de sangre.

    Guerrero clásico de los Cabalgacero


    Reznek ha encabezado grandes campañas desde sus tiempos como bandido. Suya es la cabeza del Dragón Negro Ibrathion, comandante de Tierras Inhóspitas. En su salón cuelgan los colmillos del Señor del Foso Mesosteros, el Insidioso. El cuero de sus botas es del Protodraco Azul Graugerr , terror de la Tundra Boreal; y su acero solo se forja en la sangre incandescente del Gigante de Fuego Broull de Roca Negra.

    Las ambiciones de Reznek de los Cabalgacero parecen no tener límite. Quién sabe si llegará a exigir una justa revancha al líder de los Roca Negra.


    OFFROL: Reznek es un Señor de la Guerra, lo que le convierte en uno de los guerreros de mayor renombre al servicio de la Horda. Su legión está formada por orcos, trolls, taurens, goblins y otros esclavos de las razas de la Alianza como enanos o humanos renegados de su facción. Su bastión se encuentra en Tanaris, al sur; donde anteriormente se encontraba una de las cuevas de los Machacaduna. Se enorgullecen por ser creadores de algunos de los ingenios de guerra más retorcidos de la Horda, incluyendo explosivos, armas blancas y de fuego, vehículos voladores y/o terrestres y toda clase de proyectiles. Reznek ha creado otros bastiones menores en regiones llanas que le permite sacar todo el partido a sus moto-apisonadoras razón de que haya cosechado sus mayores triunfos, tales como Tierras Inhóspitas, Tundra Boreal, Península del Fuego Infernal, Azshara (en el Muelle Pantoque) o Desolace. Generalmente se encuentra en su fuerte de Tanaris conocido como ''El Piño Escarpado'' o en el Barrio de la Guerra de Orgrimmar.
    Última edición por Molvus; 12/01/2018 a las 18:22

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