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Tema: Thanarel - El segador de magia

  1. #1
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    Thanarel - El segador de magia



    Thanarel Dath'riel
    «El parangón de oscuridad».


    Sobre el personaje
    Nombre del personaje: Thanarel Dath'riel
    Clase: Guerrero
    Nivel de Rol: 1
    Alineamiento: Caótico Neutral
    Raza: Gurth'dorei
    Género: Varón
    Estado Civil: Soltero
    Apodo: ”El segador de magia”
    Fé y creencias: Cree en que su destino ligado al poder y en tener la eternidad para desarrollar sus objetivos.
    Organización oficial: Espada de Ébano
    Clase de Prestigio: Aspira a Rompehechizos – San’layn
    Títulos que ostenta: Ninguno
    Facción: Aunque el pasado fuera un miembro de la plaga, su afiliación ahora es a la Espada de Ébano quien le ha dado un propósito nuevo para su no-vida.
    Metas: Aspira a ser un San’layn y estar entre los mejores de su casta. Así como a convertirse en alguien poderoso y temible pues este es el camino para su redención. La orientación de sus acciones por el bien del mundo en el que él cree.

    Aspecto Físico
    Peso: 79 Kg
    Altura: 1'98 m
    Edad: 107 años
    Complexión: Atlética, musculada y forjada por las largas horas de entrenamiento, aunque afectada por la posterior putrefacción tras su muerte.
    Forma y color del Cabello: Melena larga de tono azulado que cae desde lo alto de su cabeza donde una coleta corona su nuca.
    Tono de piel o etnia: Tono de piel blanquecino grisáceo mostrando su grado de putrefacción así como marcas y cicatrices por todo su cuerpo.
    Características Físicas del Rostro: De facciones definidas presentaba una nariz de perfil recto con el puente algo inclinado hacia el interior marcando ligeramente la punta de su nariz. Sus ojos eran ligeramente rasgados dejando en él una mirada tranquila y serena. Su piel es suave al tacto, inmaculada. Muy parecido a su gemelo Nimloth.
    Misceláneas: Ninguna a resaltar de momento.


    Aspecto Psicológico
    Personalidad: Frío como un tempano, algo tranquilo en sus modales. La no-muerte le ha traído la ironía y la tensión a sus palabras, odia la vida en sus formas florecientes, pero su nueva situación le hace a veces tener que tragarse sus palabras, aunque en su mente las cosas están bastante claras.

    Datos de Interés
    Orientación sexual: Asexual
    Enfermedades y trastornos: Ninguno encontrado de momento.
    Ideales: La supremacía del poder y la fuerza sobre los débiles.
    Lenguas y conocimientos: Thalassiano como idioma materno. Común como parte de su educación en sus viajes a ver a su hermano gemelo Nimloth en Lordaeron. Posee conocimientos sobre protocolo, así como ciencias, oratoria y diplomacia, aunque dado su situación no los lleva mucho a la práctica. Estudió algo de magia en sus inicios de preparación como rompehechizos así como sobre supervivencia y orientación como parte de su instrucción militar.
    Miedos: Acabar sus días sin ver sus metas cumplidas. Miedo a no ser poderoso y débil, también le produce animadversión.
    Clase social: Ninguna.
    Lugar de Nacimiento: Quel'thalas
    Residencia actual: Cementerio de Dragones
    Herencias y tierras: Nada que destacar.
    Trabajos o negocios: Ninguno
    Rango en la organización: Recluta
    Hobbies: El entrenamiento y la búsqueda de poder. Disfruta viendo a la gente ser torturada.

    Familiares y allegados
    Raza: Nombre: Relación: Estado:
    Sin'dorei Lyreth Dath'riel Madre Viva
    Sin'dorei Varael Dath'riel Padre Desaparecido
    Sin’dorei Nimloth Dath’riel Detestado Vivo
    Última edición por Deranion; 18/04/2018 a las 18:54

  2. #2
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    Re: Thanarel - El segador de magia

    Historia
    Crónicas de un final helado.
    A la sombra del Caballero de las Luces

    La tristeza comenzó a inundar los ojos del joven Dath’riel muy pronto en su vida, las cosas no empezaban para él como había esperado, pero en cierto sentido ya se había acostumbrado a vivir en un segundo plano. Deslumbrado, apartado del protagonismo y eclipsado por el resplandor que su joven hermano Nimloth irradiaba como si de un gran sol se tratase. Esto le haría tener que esforzarse el doble si quería recibir la misma atención procedente de sus progenitores. Sus primeros pasos en la consciencia le traían ya sentimientos negativos que su joven hermano trataría de no alimentar. A fin de cuentas, ambos pensaban que eran iguales a ojos de sus padres, aunque la realidad fuera bien distinta.

    ¿Por qué? Era la pregunta que comenzó a resonar en la cabeza de Thanarel tan pronto comenzó a ver que estas situaciones comenzaban a aflorar más de lo común. ¿Cuál habría sido el promotor para semejante conducta y por qué a él? Las preguntas inundaban su cabeza y pronto llegarían los tiempos en los que las respuestas abundarían en consecuencia.

    El despertar castrense

    A diferencia de sus padres, Thanarel nunca quiso dedicarse a la diplomacia, él aspiraba a aquello que Nimloth había empezado a tener con su tío. Pero a diferencia del su gemelo, su tio no le prestaba la atención necesaria por lo que Thanarel, solo y despojado de su posible mentor tuvo que esperar algún tiempo hasta poder iniciarse en las sendas castrenses. Esto ocurriría unos años más tarde cuando mientras finalizaba sus estudios relativos a la profesión que sus progenitores desarrollaban, comenzó a relacionarse y llevar mensajes para los guardias que serían destinados en las labores de proteger a sus padres durante sus viajes. Durante aquel contacto conocería a algunos hijos de casas nobles que servían en el ejercito para hacerse un gran nombre entre los suyos. Uno de estos nobles. Haralel Dana’rel se haría gran amigo suyo, pues habitualmente era asignado a sus viajes.

    Llegado un día, le pidió a Haralel que le entrenara en secreto para poder sentirse útil en caso de ser abordados o asaltados durante cualquier viaje en el futuro. Así fue, como Thanarel inició su senda en el uso de armas de filo. Entrenaban tras los turnos del joven Haralel cuando no estaba fuera de la ciudad por alguna misión o encargo de protección a diplomáticos, como los señores Dath’riel.

    Con el paso del tiempo, la técnica y habilidad de Thanarel se fue mezclando con un talento que acabaría descubriendo a lo largo de sus entrenamientos y que probablemente le llevarían a postularse para salvaguardar los intereses de su patria más allá de sus palabras. Su manejo de las armas de asta era sin lugar a duda encomiable. Haralel estaba impresionado con el progreso de Thanarel y comenzó a fijarse también en este talento para dichas armas. Quizá su futuro se acercaba cada vez a lo beligerante que a lo conciliador. Ambas maneras muy aceptables de defender la prosperidad de Quel’thalas.

    El sacrificio del guardián

    Aquellos prósperos avances le mantendrían alejado de su hermano con el que tantos años había pasado y convivido en el hogar de los Dath’riel, para su suerte, pues las cosas en este lugar no habían hecho más que levantar ampollas en la relación conciliadora y tranquila que ambos hermanos tenían. Nimloth había decidido marchar a Lordaeron a instruirse como militar junto a los humanos, lo que nadie sabía es que este hecho cambiaría la vida del joven para siempre. En cambio, su hermano había abandonado la diplomacia y ahora su destino era salvaguardar la integridad de los muros de su patria, granjeándose las malas miradas de sus padres, quienes se encontraba en desacuerdo con semejante elección.

    Ahora que servía a su patria, se mantendría más tiempo alejado de su hogar y centrado en su misión en las calles del reino donde sus mentores comenzaban a ver que tenía voluntad para convertirse y acceder a una de las élites del ejercito de Quel’thalas, la unidad de rompehechizos. Pronto, sus aspiraciones evolucionarían acercándole a esta opción. Los años pasaban y sus andanzas como guardián del Alto Reino, le harían ganar experiencia en combate, así como habilidad para enfrentarse a diferentes tipos de enemigos.

    Sin duda estos hechos acabarían por marcar su camino de futuro. Aunque las arenas del tiempo comenzaban a agotarse en su reloj de arena. La vida pronto le daría una oscura y macabra sorpresa.

    Muerte y destrucción, un reino apaga su luz

    Aquel oscuro día, la lluvía no cesaba de inundar con su manto acuoso los verdes y fértiles bosques de Quel’thalas. La tempestad estaba aún por desatarse, pero las nubes negras habían comenzado a descargar sus primeras gotas de lluvia sobre el sino de los Altos Elfos de Quel’thalas. La alarma había sonado, la barrera que les protegía de numerosos peligros había caído fruto de las acciones del Traidor de su Patria. Las Hordas de No-muertos comenzaban a asolar los primeros tramos de lo que posteriormente sería conocido como la Cicatriz Muerta. Pronto los planes del Rey Exánime se ejecutarían y la corrupción llegaría hasta la Fuente del Sol.

    El reloj marcaba la primera hora de la tarde cuando las ordenes del Capitán de la Guardia llegaban a manos de Thanarel, debían defender la entrada a la ciudad. Los no-muertos no debía atravesar esa puerta. Ubicados ya en su emplazamiento, todo estaba listo para la batalla, un hecho que duraría poco tiempo pues el poder desbordante, así como los números de los enemigos de Quel’thalas no paraban de aumentar. Quienes caían en combate eran levantados para servir a los planes de Arthas Menethil, no había escapatoria, era morir y servir.

    El miedo comenzó a inundar el alma del joven Dath’riel que no tardaría mucho en ver su final llegar. Los rugidos y quejidos de los muertos vivientes comenzaban a resonar en el campo de batalla. Rápidamente se vio envuelto en hordas y hordas que intentaban atacar a la unidad que protegía las puertas, la suya. Eran demasiados y muy descontrolados, arrasaban con todo a su paso. No eran rivales para semejante ejército, o al menos, no lo eran en ese momento. Una espada atravesó rápidamente su corazón, no sabía de donde venía y cuando giró su cabeza, no era más que una niña que expresaba la impasividad de las ordenes que le venían dadas por su nuevo amo. Rendido, él era el ultimo hombre en pie tras las puertas.

    Un nuevo propósito, servir a la Plaga

    Mas aquel instante no sería el último que se viviría aquel día en la vida de Thanariel. Pronto, su cadáver sería llevado con los demás que serían levantados a posteriori por los nigromantes del Culto de los Malditos. Su despertar como siervo de La Plaga tendría lugar horas más tardes aquel lluvioso día.

    Lo primero que vio al abrir sus ojos fue su desnudez, se encontraba tumbado en una sala oscura donde la única luz que entraba provenía de calderos con llamas moradas. Una pregunta comenzó a inundar su mente… ¿Qué había pasado? Pronto, hallaría las respuestas cuando se le fue ordenado ponerse en pie y sus pies respondieron rápidamente. No tenía control sobre su cuerpo, aunque era consciente de lo que pasaba a su alrededor. Poco tardaría en ser asignado y entrenado por quienes le convertirían en una maquina de matar para la Plaga hasta el día de la Caída del Rey Exánime. Pero aquel día todavía estaba lejos, y ahora su nuevo propósito comenzaba a florecer.

    Impasible y despojado del último ápice de empatía comenzó sus andanzas como fiel siervo de su nuevo señor, fue entrenado para ello y castigado cuando no completaba su cometido. Poco a poco, su mente fue adaptándose y su personalidad enfriándose hasta solo ver un fin en su vida, matar. Aquello acabó por desarrollar sus preferencias a la hora de ejecutar. Su manera de matar favorita, si es que puede decirse que tuviera alguna, el empalamiento. Los acontecimientos siguientes no trajeron más que desdicha para las familias de a quienes les arrebataba la vida. Con la caída del Rey Exánime, él y muchos de los suyos fueron atrapados y encerrados por quienes una vez se rebelaron y renegaron del mandato del portador de la Agonía de Escarcha. Su futuro se apagaría si algo en él no cambiaba, pero el claustro y el hábito hacen al monje y el tiempo le haría pensar nuevamente que rumbo habría de tomar su vida y comprender los horrores que por tantos años había causado. Y así por muchos años, así, hasta encontrar una apertura a la redención por sus actos.

    Presente y futuro: la Espada de Ébano y el Cataclismo

    El Cataclismo llegaría en forma de temblores y el despertar de Alamuerte que teñiría de cenizas y fuego un mundo que transformaría con sus propias garras. Aquello aceleraría el fin de su claustro.

    La celda en la que se encontraba al fin se abrió y un grupo de lo que por su silueta parecían Caballeros de la Espada de Ébano, entraron en aquel lugar. La luz tenue inundó entonces la estancia en la que se encontraba Thanarel, que se encontraba portando una capucha que tapaba su rostro. Habían sido años en aquel cuarto oscuro sin contacto con nada más que con la fría roca que recubrían la estancia. Intentó balbucear algunas palabras, pero había pasado tanto tiempo en silencio meditabundo que nada salió de su boca. Fue llevado ante un Caballero que parecía más poderoso que el resto, allí se le preguntó si tras tantos años de claustro había reformado sus intenciones. Thanarel asintió y explicó que lo que había encontrado claustro. Comprendió entonces que quien le había atrapado aquel día, años atrás, pudo y no quiso acabar con él. Así pues, tomó los colores de la Espada de Ébano, jurando redimirse de las atrocidades que había cometido bajo el mandato del Rey Exánime, aunque sin olvidar que difícilmente volvería a ser aceptado en el mundo tal y como este se estructuraba ahora.

    Durante los siguientes años al servicio de la Espada este hecho lo comprobaría en sus carnes. Allí donde debía ir, era repudiado por los vivos, recordándole su pasado a la sombra de su hermano y alimentando las llamas internas de un odio que quizá algún día floreciera, el único efecto latente era su frialdad, cada vez más evidente.

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